viernes, 1 de marzo de 2013

El miedo a la libertad

¿Puede la libertad volverse una carga demasiado pesada para el ser humano, hasta el punto de tratar de eludirla?

Esta pregunta, que formulara Erich Fromm en su obra "El miedo a la libertad", me ha dado últimamente bastante que pensar, a propósito de la relación entre las leyes educativas y el trabajo de los docentes.
La normativa en vigor (no sabemos hasta cuando) otorga al docente un amplio margen de autonomía en la concreción del currículo. Yo diría incluso que exhorta a la contextualización de todo esa letra que, como la puerta de la Ley en la fábula que Kafka incluyó en El Proceso, no asumimos como nuestra porque nos da miedo.
No creo que quien haya redactado la legislación se haya inspirado en la espada de Damocles, en el Gran Hermano o en la cólera de Yaveh. Me parece que la intención de los legisladores es, más bien, darnos la llave que abre una puerta. Las habitaciones a las que accedemos las podemos decorar como queramos, distribuir los muebles a nuestro sabor.
Muchas veces encuentro estudiantes que —tras años de adiestramiento— se sienten muy incómodos cuando les propongo que decidan algo, que organicen su trabajo, que formen grupos con quien quieran...en fin, que ejerzan su autonomía. Se sienten más cómodos siguiendo instrucciones
A los docentes, a veces, nos pasa lo mismo. Por eso nos agarramos a las programaciones didácticas de los libros de texto como a un clavo ardiendo. Esto emana de la Autoridad, pensamos, y nos quedamos más tranquilos.
Cuando, posteriormente, se nos reprocha que nuestras prácticas son obsoletas, que nuestras programaciones son copiadas (luego nos enfadamos cuando nuestros alumnos fusilan la Wikipedia), se nos cruzan los cables. "Pero si yo hago lo que pone en el libro", "si yo sigo el temario de la editorial tal o cual". 
Difícilmente se puede llegar a resultados diferentes si se aplican las mismas medidas. Algo así dijo Einstein (que encarna la figura del sabio y, como a Aristóteles en la Edad Media, se le atribuyen sentencias verdaderas y apócrifas). Y eso, que resulta una verdad de Pero Grullo, no se aplica con la excusa de que las leyes educativas no lo permiten. Nada más lejos de la realidad. 
El aprendizaje basado en proyectos, las metodologías que fomentan la adquisición de las competencias básicas, los descriptores de evaluación del MCERL, las TIC como motor de cambio, el uso de los portfolios como evidencias de aprendizaje, etc, etc, no están reñidos con la legislación que regula nuestra actividad docente. Todo lo contrario. Simplemente se trata de perder el miedo a investigar, a arriesgar, a cambiar...a ser libres.
Seth Godin, gurú del márketing, escribió en The purple cow, algo tan obvio como que hay que buscar la sorpresa, la emoción, para que algo habitual se convierta en una experiencia imborrable. Y eso raramente se consigue con actividades mecánicas, repetitivas, aburridas. 
Necesitamos una "vaca púrpura" en el aula.


11 comentarios:

  1. ¡Qué entrada! Te sigo, y me sigues sorprendiendo. ¡Enhorabuena!
    Alejandro

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué gran ejercicio de honestidad! ¡Felicidades!
    @Txaumell

    ResponderEliminar
  3. Estoy absolutamente de acuerdo en que el mismo marco legislativo (leyes de educación, curriculos,...)para unos equivale a una baldosa y para otros a un salón de baile del Palacio de Versalles. Lo bueno sería saber que podemos bailar chotis y valses a nuestra elección.
    Lo que me da realmente miedo es el empeño, cada vez más generalizado, de hacer bailar a la vaca púrpura en un escenario imposible. Quiero decir, que el nuevo marco, tabla (que no puerta) de la ley, sea la sorpresa y emoción carente de significado.
    En marketing, el impacto emocional favorece el recuerdo y la vinculación a una marca, producto,... quizá trivial, pero potente en cuanto a su capacidad para suscitar interés y deseo de compra. En educación, lo trivial, aderezado con sorpresa y emoción, no deja de ser una trivialidad emocionante ;-)

    ResponderEliminar
  4. Investigar, innovar, hacer algo diferente siempre ha sido más trabajoso, tienes que disponer hasta de tu tiempo personal, por eso la gente se aferra a los libros y se quitan de complicaciones...A mi entender gente como esta es la que no debería estar educando porque es la que está contaminando el sistema educativo, estoy de acuerdo en que hay que reconocerlo y decir que uno de los contaminantes de la escuela es el profesorado. Saludos

    ResponderEliminar
  5. Genial, muchas gracias por la entrada.

    ResponderEliminar
  6. Un poco tarde, pero te felicito: ! no se puede decir mejor con menos palabras!
    Cuando hablo con algunos compañeros siempre les pregunto que si saben que es el curriculum y muchos aún lo identifican con el libro de texto... una pena.
    Podemos ir mucho más allá, es como tú muy bien dices "...Todo lo contrario. Simplemente se trata de perder el miedo a investigar, a arriesgar, a cambiar...a ser libres.-" !Enhorabuena Aitor!

    ResponderEliminar
  7. Pocas veces comento lo que dices, pese a que te sigo con un extraordinario interés. Como profesores, no podemos poner excusas. Estoy totalmente de acuerdo contigo y tenemos que animarnos a dar realmente el salto y realizar el cambio.

    Gracias por tu entrada, muy esclarecedora.

    ResponderEliminar
  8. Enhorabuena por la entrada. Da gusto leer cosas como esta, permiten mantener la esperanza y la ilusión. En mi centro el peso de la inercia es aplastante. La innovación suena a cuento. En mi opinión, hace falta un cambio de paradigma: de la enseñanza al aprendizaje. Lo importante no es lo que yo tengo que enseñar (repetir, en muchas ocasiones), sino lo que los alumnos tienen que, pueden y necesitan aprender, que nunca es lo mismo. Eso abre un campo infinito de posibilidades, siempre que se esté dispuesto a abordar el trabajo desde una perspectiva de mejora continúa, de innovación permanente y de investigación atenta. Todo ello requiere un gran esfuerzo. Como dices en tu entrada, al final es más fácil y cómodo tirar de libro de texto, confiando en que esté redactado por "expertos", que a veces es mucho confiar.

    ResponderEliminar