El Congreso (homenaje a Stanislaw Lem)

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Extracto del libro de actas del congreso sobre Costumbres e Instituciones del hombre del Neogeno, celebrado en la colonia XHK452, en el planeta Marte.

Poco sabemos del hombre del Neogeno. Tras la oscura Era del Caos, que se extendió durante cientos de años, como una sombra, sobre las civilizaciones terráqueas, no quedaron apenas recuerdos de las culturas preatómicas.
En esta intervención pretendo rescatar del olvido un pequeño fragmento de esa remota Era del Neogeno, a la luz de las excavaciones realizadas en algunas regiones de la Tierra.
Varios de los objetos encontrados, conocidos en la literatura científica como “papeles”, o “papyr”, nos han revelado importantes datos, al tiempo que nos han sugerido profundos enigmas.
Mis recientes investigaciones sobre la mítica institución llamada “Es-kuela” (nos acogemos a las transcripciones de la Escuela Marciana de Paleografía) arrojan dudas sobre las interpretaciones vigentes acerca del culto al “Tex-to”, también llamado “Ly-bro”. Puedo afirmar que, lejos de tratarse de un fenómeno marginal, estaba extendido por todo el planeta y exigía constantes sacrificios de cerebros jóvenes.
Tex-to” era, además, considerado un dios cruel e insaciable. Temido y seguido masivamente por los sacerdotes del culto, los llamados “magistri”, este ídolo se convirtió en omnipresente y quienes osaron apostatar o dudar de su infalibilidad sufrieron el ostracismo.
Tex-to” tuvo una mutación tardía, en una época crepuscular de su culto, convirtiéndose en “dii-gi-taal”, aunque su esencia permaneció inalterada.
Relacionado con este ancestral mito de la “Es-kuela”, me permito también poner en duda las interpretaciones sobre un elemento central en el folclore “es-kolar”.
Me estoy refiriendo al enigmático “Curric-Ulum”(seguimos la transcripción indicada más arriba). Puedo afirmar basándome en las “Notas sobre el hombre del Neogeno Tardío”, del ilustre Laa Bar, Polignóstor Octavo de la Escuela Histórica Lunar, que a ”Curric-Ulum” se le atribuía una existencia sobrenatural, lo que le convertía en inalterable. Además, según afirma la corriente citada, los intentos de refutar este dogma eran severamente castigados, especialmente bajo la dinastía de los “Inspectors”.
Por tanto, no se le consideraba como un ser (lo que pone de manifiesto rasgos totémicos de aquel culto, insólitos para una época de ciencias exactas bastante desarrolladas), y se lo identificaba, al menos en sus actividades prácticas , con “Tex-to”.
Lo que me resulta enormemente extraño, y me hace dudar de todo el edificio conceptual que hemos construido en torno a este mito de la “Es-kuela”, es la mención que se hace de la educación y al aprendizaje en uno de los vestigios desenterrados recientemente entre las ruinas de un lugar dedicado a este culto.
Esa es, quizá, la principal novedad que quiero presentar en mi intervención y que les quiero dejar en forma de pregunta: ¿qué relación hay entre el aprendizaje y el culto desarrollado en la “Es-kuela”? Esta cuestión no puede ser contestada aún, dado el estado incipiente de mi investigación.
Y quizá, por desgracia, ese enigma no pueda ser jamás resuelto, ya que la mayor parte de la historia del Neogeno quedará para siempre oculta.

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