Realismo visceral

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He sido cordialmente invitado a formar parte del realismo visceral. Por supuesto, he aceptado. No hubo ceremonia de iniciación. Mejor así. 

No sé muy bien en qué consiste el realismo visceral.
Roberto Bolaño, Los detectives salvajes


A veces, cuando me veo ante un grave problema de convivencia en el instituto, intento reducirlo a una frase, como si fuera el tema de un texto. Después analizo la frase sintácticamente y la clasifico según la intención del hablante y según la naturaleza del predicado.
Sin embargo, no consigo influir en la realidad con estos procedimientos. No consigo arreglar el problema.
Tampoco consigo convencer a mis alumnos de que si usan correctamente los complementos verbales todo irá bien. Claro que, para intentar ayudarles, les pido un análisis morfológico de unas cuantas frases muy bien construidas.
Lo más chocante es que hay algunos que, a pesar de suspender mis exámenes y no saber distinguir una pasiva refleja de una impersonal, están siempre contentos y no sufren por esta carencia. Además, se desenvuelven muy bien en su vida.
El otro día intenté convencer a una alumna de que el problema económico mundial se basa en malentendidos semánticos. Imbuirse de las teorías generativistas lo arreglaría todo, sin duda. Ella me habló de valores, de compromiso, pero obviamente se equivoca, porque eso no está en el temario, no viene en el libro.
Aplico en mi vida todo lo que aprendí en la escuela,  pero no funciona. No dejo de repasar los contenidos y de hacer ejercicios. Podría aprobar cualquier examen, sin embargo no consigo lo que quiero. No lo entiendo.
A veces me pregunto si no me deberían haber enseñado otras cosas.
Me siento como el poeta García Madero, que aceptó unirse al real visceralismo sin saber en qué consistía.

Creo que yo tampoco sé muy bien qué significa ser docente.



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