Como un héroe

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“El verdadero coraje consiste en soportar el tedio minuto a minuto”
David Foster Wallace “El rey pálido”.

P. entra en una clase de un instituto cualquiera en un pueblo cualquiera. Nadie le mira, ni siquiera los treinta pares de ojos que podrían hacerlo. No hay peligro mortal, no hay momento climático, nada excitante para el público. 
P. tiene la impresión de ocupar el extremo de un tubo gigantesco cuyo otro extremo estuviera ocupado por un mundo irreal. 
En ese mundo irreal se promulgan leyes educativas que exhortan a P. a dar la palabra a su alumnado, que le proponen dejar de ser el transmisor del saber. En ese mundo P. es un extraño. Se siente como Joseph K. ante el tribunal que le va a juzgar. No conoce sus leyes y, además, las teme. En su mundo, todo es más sencillo. Él solo en su trabajo, sin aspavientos. No hace nada que pueda interesar a alguien que esté fuera de la liturgia. P. desconfía de los cambios, de las mudanzas. El oficio es antiguo y la burocracia y el exceso de normativa ―a su juicio― lo enfangan. P. se siente abandonado por todos, incluso por algunos de sus compañeros, que dudan de los dogmas de la profesión y desean innovar, creando más confusión y dejándole sumido en el vacío, lejos de un mundo que no alcanza.
P. piensa en las ovaciones, en la espectacularidad, en el gesto grandilocuente, en todos los elementos que se asocian con el heroísmo en los medios de comunicación (y en nuestro inconsciente) y que él asocia a los docentes innovadores. 
Para P. el verdadero heroísmo consiste en soportar el tedio minuto a minuto. P. entra en su aula. Como un héroe.








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