Lo personal es político. La organización de la Escuela

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—Tienes razón, Sancho —dijo don Quijote—, porque este pintor es como Orbaneja, un pintor que estaba en Úbeda, que cuando le preguntaban qué pintaba, respondía: «Lo que saliere»; y si por ventura pintaba un gallo, escribía debajo: «Este es gallo», porque no pensasen que era zorra.
Don Quijote de La Mancha (2ª Parte)
Organizar un centro educativo supone ponerle trama al acto que llamamos enseñanza o aprendizaje, planificarlo y darle sentido. Para que no nos ocurra como al pintor Orbaneja, de quien nos cuenta don Quijote que pintaba “lo que saliere” y luego tenía que etiquetarlo para que quedara clara su intención, es preciso organizar de antemano lo mejor posible la compleja red de relaciones que se teje en una Escuela o en un Instituto.
La organización de un centro educativo no es un acto puramente burocrático, no es una tarea para “gestores”. Cada decisión organizativa tiene consecuencias en las relaciones que todos los actores que intervienen en ese espacio entablan entre sí. La organización afecta al aprendizaje, obviamente, pero también a las emociones, a la convivencia en el centro. De esto último no somos tan conscientes.
“Lo personal es político”, rezaba un eslogan que se oía en manifestaciones estudiantiles y feministas allá por los años sesenta del siglo pasado. Se trataba de subrayar la conexión entre las experiencias personales y las estructuras organizativas o sociales que las contienen.
Las relaciones personales que se dan en un centro educativo también vienen condicionadas por la estructura organizativa que las contiene y son, como en un círculo vicioso, su causa y su consecuencia. Actuar sobre la organización de la Escuela sería, de este modo, actuar sobre las relaciones que los actores sociales de la institución educativa entablan entre sí.
¿De qué manera la organización puede mejorar la convivencia dentro de un centro educativo? Algunas ideas:
  • Banco de horas. En los horarios del profesorado de Secundaria hay horas de permanencia que no son lectivas ―los famosos “huecos”― que se podrían “donar” para tareas relacionadas con la mejora de la convivencia en el centro (mediación, Aula de Convivencia, Observatorio de la Convivencia…) Desde la Dirección del centro se podría gestionar este “banco de horas” solidarias.
  • Comisión de Convivencia. En los Centros de Educación se tiende a pensar que todos los aspectos relacionados con la convivencia son asunto la Jefatura de Estudios. Esta es una de las creencias que forman lo que se conoce como currículum oculto, aquello que no está explícito en ningún documento, en ninguna normativa, pero que todos los miembros de la comunidad educativa asumen sin cuestionárselo. La creación de una Comisión de Convivencia que realmente funcione como tal, que tenga sus horas de dedicación y sus atribuciones, podría ayudar a que hubiera una red distribuida por el instituto o la escuela que nos hiciera conscientes de que la buena convivencia implica el trabajo de todos.
  • Criterios para la asignación del profesorado a los grupos. En los Centros Educativos se tiende a obviar los criterios pedagógicos, los lazos emocionales, el perfil de cada docente (sus fortalezas y debilidades), a la hora de asignar el profesorado a cada grupo. Desde la Dirección de un Centro se puede evitar la asignación impersonal y azarosa (esas “ruedas” de peticiones en los departamentos atendiendo a jerarquías más que dudosas) y apostar por la creación de auténticos equipos educativos, en los que el interés del alumnado sea el criterio con más peso.
  • Varios profesores en el aula. La docencia compartida en grupos problemáticos, pese a estar contemplada en las leyes educativas, no se fomenta apenas desde los equipos directivos. La presencia de los maestros de pedagogía terapéutica en las aulas ayuda a la integración y mejora la convivencia. No se trata de obligar a nadie, sino de animar a los y las docentes a perder sus miedos a compartir el aula. 
  • Organizar las asignaturas en ámbitos de conocimiento. La normativa permite la agrupación de asignaturas en ámbitos en los primeros cursos de la ESO para que la transición de la Educación primaria a la Secundaria sea menos traumática. Disminuir el número de profesores por grupo ayuda a que el triángulo alumnado-profesorado-familias sea más estrecho. La impersonalidad en el trato, reclamada como seña de identidad de la enseñanza superior, es un residuo de tiempos pretéritos, de una era pre-LOGSE cada vez más lejana.
  • Criterios pedagógicos para el reparto del alumnado. La atención a la diversidad sigue siendo un escollo ―cuando no un mero formalismo― para gran parte del profesorado, que se siente más cómodo ante grupos homogéneos (sea cual sea su composición). Desde la organización de un Centro ―si se quiere promover la integración, es decir, la buena convivencia ―se debe apostar por el diseño de grupos heterogéneos. La sensación de algunas familias de que, al socaire de planes como el bilingüismo, se segrega al alumnado según sus capacidades académicas (sólo algunas evidentemente, puesto que bajo esta etiqueta se esconde una visión reducida de la inteligencia) no es positiva para la convivencia en un Centro Educativo.
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